MISION

"No queremos hacer tanto hincapié en la matanza (la Campaña del Desierto o Pacificación de la araucania) que fue obra de los militares y oligarcas de aquella época, pero si en la lucha del nuestro pueblo mapuche por defender su dignidad, su cultura. Queremos hablar de su vida, que es su obra; y no de su muerte, que es obra de otros. Esos otros hablarán, responderán por su crimen." "Siempre preguntan: ¿qué podemos hacer por la cultura mapuche? Y es eso: promover a la persona. Ya que nuestros abuelos, nuestros hombres y mujeres, saben pensar. Cuando hay una cosa linda, tienen que decir quién fue, para que la gente sepa que es el pueblo mapuche el que habla." "Muchas veces hablaron de nosotros, sin nosotros. Los Mapuche debemos aprender nuestra cultura para poder transmitirla, juntar lo propio para desparramarlo y que lo conozcan todos.

miércoles, 1 de agosto de 2012

MISIONES ONLINE-ARTICULO DE OPINION-

Artículo escrito por Anibal Silvero. Misiones.
miércoles 1 agosto 2012

Roca, el rostro que el pueblo Evita

En una reciente columna de opinión (http://www.misionesonline.net/opinion/leer/1818 ), el estimado contador Carlos Andrés Ortiz hace una notable defensa del ex presidente argentino Julio Argentino Roca, principal operador de la llamada “Conquista del desierto”.
La columna de opinión tiene como objetivo “dar su debida y justa importancia a la figura central de la vida institucional argentina, que fue el General y dos veces Presidente constitucional Julio Argentino Roca.”
Es “apodado “el zorro” por su notable astucia política”, calcaOrtiz a Roca, aunque no aclara que astucia política no siempre es signo de humanismo, ni necesariamente es una variable positiva para los pueblos, como no lo es Maquiavelo, que gozaba de ese talento, o de Hitler, cuya “astucia” llevó a una de las masacres más grandes de la historia.
Luego sostiene, siempre refiriéndose a Roca, “como hacían imperativas las circunstancias, tomó posesión efectiva de la vasta Patagonia Argentina, debiendo enfrentar a poblaciones de nativos hostiles, que no eran por cierto “carmelitas descalzas””. En una visión parcial el columnista ofrece la vieja dicotomía de los indios versus el Estado Argentino, como una concepción uniforme y, por bien del progreso, cómo no, la única salida es aniquilar a los salvajes. Si los indios no se hubiesen resistido a la invasión, seguro se hubieran convertido en carmelitas descalzas para la historia, que pronto los hubiera olvidado. Prefirieron morir de pie a vivir arrodillados, aún sabiendo que quedarían estigmatizados en la historia como los salvajes. Pero si nos tocase vivir en aquel tiempo entre las tribus de mapuches y tehuelches, sin duda llamaríamos salvaje al ejército de Roca, pero ya se nos ha dicho que la historia la escriben los que ganan.
Lo cierto es que, en primer lugar, el pensamiento occidental nos ha comido el coco que una de las formas necesarias de progreso de un pueblo es por medio del sometimiento de una civilización con muchos recursos armamentísticos a otra con pocos recursos armamentísticos. Pero, para ser justos, lo primero que debemos desechar de nuestro vocabulario, es la palabra “conquista” de estos sucesos históricos: “la conquista del desierto”, “la conquista de América”, primero reemplacemos el término por “invasión”, y nos acercamos un poco más a la verdadera historia. Nadie nos cuenta que, por ejemplo, China poseía en la época del “descubrimiento” de América barcos muy superiores a los de los invasores españoles, ingleses y portugueses, y que mucho antes que ellos, los chinos recorrieron todo el mundo con sus embarcaciones, en forma diplomática, sin embargo no mataron masacraron ni aniquilaron las poblaciones indígenas que habitaban África y América, a pesar que conocieron la pólvora antes que los occidentales. Uno con el pensamiento inculcado socialmente se podría preguntar “¿por qué no lo hicieron?”, pero si pudiésemos extirpar por un momento los conceptos que nos implantaron desde siempre, la pregunta coherente sería: “¿ Y por qué iban a hacerlo?”. Esta pregunta es importante así que no está demás repetirla: “¿Y por qué iban a hacerlo?”.
La invasión que tanto pregona Occidente en millones de libros y en miles de películas de Hollywood parece ser la única salida para el cambio social y productivo, ¡patrañas!. Mal de muchos, consuelo de tontos, dice un refrán popular, y resulta que ahora nuestra mente sodomizada por los parámetros imperialistas, sólo acepta la evolución cuando en ella se vierte sangre, llanto, dolor y miles de muertes: todo eso se justifica para ascender un peldaño en la evolución humana.
Pero Ortiz continúa en su análisis: “con interpretaciones históricas cargadas del antimilitarismo con tintes anarco-marxistas, personajes como Osvaldo Bayer y Juan Pablo Feinmann, abonan a la demonización de la figura de Roca, y hacen contribuciones a odios potencialmente incurables, evidenciando que poco o nada parecen importarles la realidad ni las prioridades estratégicas de la Nación Argentina.”
Pues bien, ahora que descubrimos que Osvaldo Bayer es anarco-marxista y Feinmann un antimilitarista, y que a ellos, no les importa la realidad ni las prioridades estratégicas de Argentina, y que además contribuyen a odios potencialmente incurables, podemos pensar que Roca debe coexistir de igual a igual con Evita en los billetes de cien pesos, como sostiene el opinador.
Finalizando su columna, el contador nos dice: “En síntesis, no puede parangonarse un personaje de la Historia Argentina como Julio A. Roca, que a su modo y en su contexto histórico, hizo claras contribuciones a la Grandeza Nacional –sic, con mayúsculas-, con otros personajes muchísimo más discutibles, como Rivadavia y Mitre, entre otros”.
En fin, pareciera que toda la exposición de Ortiz se refiere a su deseo de que coexistan la figura de Roca y Evita en los billetes de cien pesos en la Argentina, lo que no me parece una locura. Lo que sí me parece una exageración, es esa manía de justificar el progreso a base de violaciones, secuestros y masacres. Eso es un exabrupto occidental. Sería bueno que los roquistas, como Ortiz, no confundan los tantos, que en cada billete de cien pesos, a partir de ahora, una mujer de la talla de Evita nos estará mirando.

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