MISION

"No queremos hacer tanto hincapié en la matanza (la Campaña del Desierto o Pacificación de la araucania) que fue obra de los militares y oligarcas de aquella época, pero si en la lucha del nuestro pueblo mapuche por defender su dignidad, su cultura. Queremos hablar de su vida, que es su obra; y no de su muerte, que es obra de otros. Esos otros hablarán, responderán por su crimen." "Siempre preguntan: ¿qué podemos hacer por la cultura mapuche? Y es eso: promover a la persona. Ya que nuestros abuelos, nuestros hombres y mujeres, saben pensar. Cuando hay una cosa linda, tienen que decir quién fue, para que la gente sepa que es el pueblo mapuche el que habla." "Muchas veces hablaron de nosotros, sin nosotros. Los Mapuche debemos aprender nuestra cultura para poder transmitirla, juntar lo propio para desparramarlo y que lo conozcan todos.

jueves, 29 de diciembre de 2011

RUINAS DEL PRIMER ASENTAMIENTO EUROPEO EN ARGENTINA



  • Hallan ruinas del primer asentamiento europeo en el país

  • Fue fundado por Caboto en 1527. Allí convivieron dos años españoles e indígenas.

    POR Mauro Aguilar- rosario@clarin.com- Rosario. Corresponsalía

    En lo que se considera un hallazgo de alto valor histórico, un equipo de arqueólogos descubrió en la localidad santafesina de Puerto Gaboto nuevos restos del primer asentamiento europeo en Argentina. Los trabajos de campo determinaron que la extensión del Fuerte Sancti Spiritu, levantado en 1527 por Sebastián Caboto (así era su apellido original), es más amplio del que se creía. Allí convivieron españoles e indígenas hasta 1529, cuando las comunidades locales expulsaron a los invasores y quemaron el lugar. Desde esa posición los españoles proyectaban internarse en el continente en busca de oro y plata.
    Científicos e historiadores que trabajan desde hace cinco años aseguran que el sitio tiene características únicas en Sudamérica. En ese lugar, ubicado a 75 kilómetros al norte de Rosario, se vivió la primera experiencia de convivencia en la Cuenca del Plata entre hispanos e indígenas. En el fuerte se ofició la primera misa, se sembró el primer lote de trigo y se realizó la primera sepultura.
    “Lo que pudimos hallar fue que el sitio va más allá del tamaño que se pensaba”, explicó a Clarín el arqueólogo rosarino Guillermo Frittegotto, a cargo del proyecto de investigación. En 2009, con trabajos de geofísica, se comprobó la existencia de muros construidos con tierra apisonada, zanjas y fosos. Ahora se determinó que esas construcciones tienen una continuidad mayor en el terreno. El área ya conocida eran 1.050 metros cuadrados, y se sumarían 1.800 metros cuadrados más, aunque aún no se sabe si todo son ruinas. No hay crónicas históricas que describan el fuerte y su real tamaño.
    “Este lugar es un hito. La puerta de entrada al continente la hace Caboto. Pudieron haber otras expediciones, pero la primera ocupación efectiva, la primera vez que el español se asienta y está más de 800 días conviviendo con los aborígenes, se da aquí”, explicó Frittegotto.
    Hasta el momento se encontraron 52 dados óseos, más de 900 cuentas de vidrio –300 enteras–, una llave y clavos forjados de sección cuadrados, típicos del siglo XVI. Un dato que llamó la atención de arqueólogos e historiadores fue la identificación de pequeñas pelotas de mercurio en estado natural, un elemento frecuente para tratar la sífilis en el XVI.
    Además de tratarse del primer asentamiento europeo en el país, los investigadores evalúan que el sitio tiene un alto valor histórico porque allí registraron tres ocupaciones. Antes de la llegada de Caboto estaba asentada una comunidad indígena de cazadores recolectores. Y después de expulsar a los españoles otra vez se instalaron grupos aborígenes.
    En el terreno trabajan los arqueólogos Fabián Letieri, Gabriel Cocco y Cristina Pasquali; las antropólogas Marina Benzi y Marcela Valdata, la historiadora María Eugenia Astiz y la conservadora Nancy Genovés. Profesionales de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA y de la Universidad del País Vasco se sumaron al proyecto.
    Las ruinas de Sancti Spíritu están a 150 metros de la desembocadura del río Caracarañá sobre el Coronda. La características geográficas y el avance del agua hicieron que una porción del asentamiento desapareciera definitivamente.

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