MISION

"No queremos hacer tanto hincapié en la matanza (la Campaña del Desierto o Pacificación de la araucania) que fue obra de los militares y oligarcas de aquella época, pero si en la lucha del nuestro pueblo mapuche por defender su dignidad, su cultura. Queremos hablar de su vida, que es su obra; y no de su muerte, que es obra de otros. Esos otros hablarán, responderán por su crimen." "Siempre preguntan: ¿qué podemos hacer por la cultura mapuche? Y es eso: promover a la persona. Ya que nuestros abuelos, nuestros hombres y mujeres, saben pensar. Cuando hay una cosa linda, tienen que decir quién fue, para que la gente sepa que es el pueblo mapuche el que habla." "Muchas veces hablaron de nosotros, sin nosotros. Los Mapuche debemos aprender nuestra cultura para poder transmitirla, juntar lo propio para desparramarlo y que lo conozcan todos.

jueves, 21 de junio de 2012

NUESTRA CULTURA RANQUEL

Nuestra Cultura Ranquel
LA CONTINUIDAD DE LA CULTURA RANQUEL
“La Vestimenta ancestral y la Bandera actual como respuestas ante las
necesidades de expresión del pueblo Ranquel”
Si partimos de la idea de que la cultura es todo lo que hace el hombre en relación con la naturaleza para satisfacer sus necesidades, podríamos decir que todo pueblo tiene cultura y que ninguna es superior a la otra, sino que simplemente son diferentes. Entre las necesidades con las que se enfrentan todos los pueblos, luego de superar sus necesidades básicas, podríamos contar con la necesidad de expresión.
El pueblo Ranquel ha encontrado en el pasado y en el presente formas diferentes de expresarse, de comunicar significados, para ellos relevantes. Algunas de esas maneras las podemos encontrar en la vestimenta ancestral que actualmente está siendo rescatada por las Comunidades Aborígenes. Pero el pueblo Ranquel nunca se fue, siempre estuvo en estas tierras, en la sangre de sus descendientes que hoy buscan nuevas formas de expresarse, tal como lo refleja la reciente creación de su bandera.
La vestimenta Ranquel, en el caso de las mujeres, estaba conformada por un CHAMAL o vestido, una pieza entera, de tejido, que se cruzaba sobre el cuerpo y al no poseer los aborígenes modo de coser las piezas, las sujetaban con una POLLKÉ o faja en la cintura y un TAPÚ o prendedor. El vestido también poseía breteles que indicaban, si eran dos, que la mujer era soltera, si era uno, que estaba comprometida.
Las mujeres del LONCO o jefe solían adornarse con platería. Según la cantidad de platería usada se podía marcar el rango, las riquezas obtenidas por el LONCO. Esta no era su única función, los Ranqueles también creían que la platería espantaba a los malos espíritus. Entre estos adornos podemos encontrar al TAPÚ o prendedor con el cual sostenían el vestido; el TRAI LON – KÓ o bincha que envuelve, sostiene la cabeza y según los aborígenes encierra y mantiene las ideas. El TRAIPEL o collar envuelve, protege la garganta y adorna el pecho. El MAIMAITÚ es un adorno del pecho en el cual se puede observar una figura que marca la dinastía a la que pertenece la persona, por ejemplo la figura de un zorro indica que se pertenece a la dinastía de los zorros.
En el caso de los hombres la vestimenta estaba conformada por el MAKÚN o poncho. Solían utilizar también un TRAI LON – KÓ o bincha. Tanto mujeres como hombres protegían sus pies usando botas de potro.
En general esta es la vestimenta utilizada por los ancestros Ranqueles en estas tierras. En la actualidad, la misma está siendo recuperada por las comunidades aborígenes como una forma de revalorizar su patrimonio cultural. Pero, tal como lo afirmábamos al comienzo, el pueblo Ranquel a pesar de reivindicar sus antiguas formas de expresión también ha encontrado nuevas formas de comunicar significados. Recientemente se ha creado la bandera que representa a este pueblo. La misma, está compuesta por tres franjas de colores, enmarcadas con una guarda pampa. La primer franja, azul, representa el cielo, la siguiente, verde, representa a la naturaleza; por último, el rojo, simboliza la sangre derramada por nuestra comunidad originaria en la época de la “Campaña del Desierto”. La guarda pampa hace referencia a la permanencia de la cultura Ranquel en estas tierras.
En el centro de la bandera se puede observar la figura de un KUL – TRUM que es un instrumento de percusión, similar a un pequeño tambor pero que para los Ranqueles es un instrumento sagrado. El mismo es ejecutado por las MACHIS, una especie de sabia o guía espiritual, en las ceremonias. En la superficie de dicho instrumento se observan dos líneas rectas que se cruzan, en representación de los cuatro puntos cardinales. Estas líneas terminan en patas de avestruz, un animal que abundaba en esta zona y que los aborígenes adoraban y copiaban en aquellas conductas que le parecían más oportunas e ingeniosas. En cada espacio demarcado por estas líneas rectas que se cortan se pueden observar diferentes figuras tales como una estrella y la luna en representación de la naturaleza; unas boleadoras en referencia a los elementos de la guerra; un zorro que da cuenta de la dinastía a la cual se pertenece.
Sobre estas franjas y sobre parte del KUL – TRUM aparece superpuesta la figura de un aborigen, con sus músculos marcados, de espaldas, con un TRAI – LONKO o vincha en su cabeza, levantando sus brazos hacia el cielo. Esta silueta fue agregada luego de la restitución de los restos de uno de los caciques más importantes con los que contó la comunidad Ranquel, llamado PANGHITRUZ GUOR o zorro cazador de leones, mas conocido como Mariano Rosas. Su significación esta relacionada con el resurgimiento del pueblo Ranquel luego de este memorable hecho.
El pasado y el presente se unen para darle continuidad al pueblo Ranquel. En la época de la “Conquista del Desierto” nuestra comunidad originaria ha sufrido destierros y segregaciones, pero a pesar de todo lo vivido y del tiempo transcurrido, sigue luchando por conservar sus costumbres y revalorizarlas a la luz del presente, con la esperanza de poder transmitirlas a las futuras generaciones.
EL RESCATE DE LAS COSTUMBRES RANQUELES
“La resignificación de la ceremonia del NGUILLATÚN”
Las comunidades aborígenes están luchando para rescatar su patrimonio cultural, con la finalidad de revalorizar su cultura, conservarla y transmitirla a sus descendientes, tal como lo hacían sus antepasados. En este contexto algunas ceremonias, vestimentas y costumbres son recreadas en el presente, convirtiendo en realidad la memoria de sus ancestros. En nuestra localidad de Parera, una de las ceremonias que están siendo practicadas y resignificadas por la Comunidad aborigen “Nahuel Auca” es la ceremonia del NGUILLATÚN.
En el pasado esta ceremonia se practicaba para el comienzo de año Ranquel. La fiesta duraba cuatro días, desde el 21 de junio, con el solsticio de invierno hasta el día 24 de junio al amanecer. La ceremonia del NGUILLATÚN, al ser una rogativa, también se realizaba cuando había una necesidad en la comunidad, es decir, cuando alguien estaba enfermo o se requerían alimentos.
A continuación se relatará cómo dicha ceremonia es practicada en la actualidad.
Todo comienza el día 23 de Junio a la media noche, al encender un fuego, el “fuego sagrado”. En la planicie de tierra se encuentra el REWÉ, un palo sagrado, enterrado, en forma vertical, tallado, con una especie de cuatro escalinatas y un hueco en la parte superior. Este es el altar de los Ranqueles. Las escalinatas simbolizan un ascenso hacia el cielo. El cuatro es un número simbólico, ya que cuatro son los elementos naturales, cuatro los puntos cardinales. El hueco es utilizado para colocar agua, frutos, semillas, en fin ofrendas. También estas son enterradas, ofrecidas a la ÑUKE MAPÚ o madre tierra.
Las creencias Ranqueles giran en torno al universo. Adoran la naturaleza: al sol, la luna, el cielo. Cuidan tanto el agua como la tierra ya que son concientes de que estos elementos naturales son los que permiten su existencia. Esta es la razón por la cual entierran sus ofrendas: la tierra les devolverá todo lo que necesitan.
El fuego sagrado está encendido y todos lo rodean en círculo. Las personas ahí reunidas van tomando la palabra, se van expresando uno a uno. Pero también el fuego debe ser alimentado, por ello ante cada pedido o agradecimiento se arroja un trozo de leña, para conservarlo. El fuego sagrado no debe apagarse hasta el amanecer.
Durante la ceremonia se realiza el CHOIKÉ PURÚM o danza del avestruz. Los Ranqueles admiraban a este animal que abundaba en esta zona de La Pampa, e incluso lo observaban y copiaban algunas de sus conductas, por ejemplo en el cuidado de los hijos y la reacción frente al peligro. Este es un baile sagrado que solo realizan los hombres y consiste en imitar el movimiento del ñandú. A medida que los bailarines se van cansando, se agachan lentamente y se envuelven con el poncho, ocupando otro bailarín su lugar.
El baile es acompañado por el KULTRUM, un instrumento de percusión, similar a un pequeño tambor, realizado en madera y cuero. Suele estar adornado con diferentes símbolos que representan los cuatro puntos cardinales, la dinastía de la comunidad, elementos de la naturaleza y de la guerra. Durante la ceremonia es ejecutado por la MACHI, una especie de sabia o guía espiritual, quien da el ritmo a la danza, comenzando con lentos golpecitos que luego se irán acelerando.
Antes del amanecer, siendo el día 24 de Junio, se rodea al REWÉ con una medialuna, quedando los presentes mirando hacia la salida del sol. La MACHI comienza a hablar, explicando la presencia de los congregados: el festejo por el comienzo de un nuevo año. Dando las gracias por encontrarse todos los Loncos, se pide también por los que no están, si están enfermos por su recuperación. Se invoca al sol, a la luna, al cielo, al universo. Uno a uno los Loncos van tomando la palabra, realizando agradecimientos o pedidos. Siempre el numero de Loncos debe ser cuatro o en base a cuatro. También deben darse cuatro vueltas al REWÉ, en señal de respeto, por ser este un número sagrado.
Al final de la ceremonia los presentes se saludan, en señal de festejo por el comienzo de un nuevo año, después de toda una noche de vigilia, en plena estación invernal, a unos 17º C o 18º C.
En el pasado, la ceremonia del NGUILLATÚN, al igual que otras costumbres, eran practicadas con devoción, en estas tierras, por nuestro pueblo originario. En el presente, y a pesar de la ausencia de estas prácticas durante largo tiempo, la ceremonia del NGUILLATÚN sigue conservando su esencia: el pedido y el agradecimiento a la naturaleza, capaz de otorgar al pueblo Ranquel el alimento, el agua, la curación, en fin, capaz de entregarle al pueblo Ranquel lo indispensable para su existencia.
BREVE RESEÑA SOBRE EL ESTILO DE VIDA RANQUEL
Y ALGUNAS DE SUS COSTUMBRES
“La familia, el trabajo y el amor a la naturaleza”
Hace aproximadamente 8.000 años atrás, en estas tierras, es decir, en el centro de lo que hoy es nuestra República Argentina, habitaba un grupo humano llamado Ranquel o gente de los carrizales.
Los Ranqueles vivían en comunidades, cada una con su Lonco o jefe y su gente. Eran nómadas, es decir, se trasladaban de un lugar a otro buscando agua para poder sobrevivir; y a pesar de que se reconocía la existencia de un territorio Ranquel, las diferentes comunidades no eran propietarias de ninguna parcela en especial sino que se trasladaban según sus necesidades, libremente, compartiendo con sus pares la tierra.
Las comunidades estaban regidas por un consejo de ancianos y el Lonco. La figura del anciano era fundamental ya que se lo consideraba fuente de sabiduría por su basta experiencia; por ello eran consultados por los jefes a la hora de gobernar. Para llegar a ser Lonco se debía ser descendiente, parte de la dinastía dirigente, pero con eso no bastaba sino que había que demostrar aptitud para el gobierno, de lo contrario era lícito elegir a alguien mejor.
Eran muy cuidadosos de la familia, por ello cada una vivía en un toldo en el cual se podían encontrar catres o camas para cada integrante, fabricadas con horquetas y cueros que servían de colchón y mantas. Además tenían divisorios que separaban a los hijos de las hijas y a éstos, de la pareja progenitora.
El Lonco, por su condición de jefe, podía tener mas de una mujer pero solo tantas como pudiera alimentar y no más. Cada mujer vivía con sus hijos en un toldo aparte. De cualquier manera, la crianza de todos los hijos del Lonco era compartida por las mujeres del mismo.
La jornada en la comunidad Ranquel comenzaba muy temprano con un baño, en el río o la laguna, fuera invierno o verano. El trabajo estaba dividido según el sexo. Las mujeres se quedaban en el toldo, lo limpiaban, cuidaban a los hijos, cocinaban. Los hombres salían a cazar, buscar leña, alimentar a los animales.
Hacían utensilios de cerámica, que en realidad eran de barro mezclado con arcilla. Trabajaban en el telar para la confección de las vestimentas. Hacían adornos de plata para el cuello, pecho, cabeza, prendedores, que después adornarían a la o las mujeres del Lonco. Estos ornamentos no solo servían para marcar el rango y las riquezas acumuladas, sino también para espantar a los malos espíritus. Amansaban a los caballos con métodos no agresivos, convirtiéndose los animales en fieles amigos que conocían los caminos aborígenes a la perfección y les permitían a los Ranqueles realizar destrezas y acrobacias para escapar del enemigo, que no siempre fue el huinca o blanco sino que también sufrieron los ataques de los de Arauca, un grupo de aborígenes que venían desde Chile.
Los oficios se enseñaban de padres a hijos por lo que se conservaban dentro de la familia y su descendencia.
Se alimentaban de la carne de animales salvajes como el avestruz, la vizcacha, el guanaco, la liebre. Preferían comer la carne de potro a la de vaca ya que creían que la primera era mas sana. Cuando mataban a un animal todo se repartía y nada se desperdiciaba. Utilizaban la carne para comerla, preferentemente asada; el cuero para confeccionar los toldos, camas, abrigo, mantas, calzado, recipientes para transportar agua. Solían también hacer sogas con las tripas del animal.
Frente a las enfermedades también recurrían a la naturaleza. Usaban las plantas, sus hojas, raíces y frutos para preparar infusiones y así aliviar los males que los aquejaban. También recurrían al azúcar quemada y la sangre tibia de un potro recién sacrificado, como fuente de energía y fuerza reparadora.
Admiraban a algunos animales y copiaban las conductas que de ellos les parecían más oportunas e ingeniosas, entre ellas las del avestruz. Trataban de imitar a éstos animales en la crianza de sus hijos y en la reacción frente al peligro, haciendo movimientos raros para que los demás integrantes de la comunidad se dieran cuenta de que algo no andaba bien, entonces se apresuraban a meterse en sus toldos o a esconderse.
Los Ranqueles adoraban al universo en su totalidad: el sol, la luna, la tierra, el agua, el aire. Realizaban ceremonias en honor a él, en donde hacían pedidos por los enfermos, los alimentos y también agradecimientos. Bailaban, cantaban, hacían ofrendas. Este amor a la naturaleza se debe a que gracias a ella podían alimentarse, vestirse, curarse, protegerse, aprender, en fin, podían existir. Con sus ceremonias solo devolvían a la naturaleza el amor que ella les daba.
En la actualidad, a pesar del paso del tiempo y de los destierros y sufrimientos vividos por el pueblo Ranquel a partir de la “Campaña del Desierto”, muchas de estas costumbres, creencias y ceremonias han sido conservadas. Las comunidades aborígenes, como la de nuestra localidad, están luchando en el presente por rescatar ese patrimonio cultural, tratando de reivindicar el valor que los antepasados le daban a la familia, el trabajo y la naturaleza.
MEMORIAS DEL PUEBLO RANQUEL
“mari chiwé, mari chiwé, mari chiwé”
(“Fuimos, somos y seremos”)
Hubo un tiempo en que los Ranqueles o gente del carrizal, vivían en estas tierras, es decir en lo que actualmente es el centro de la República Argentina. Era un pueblo nómada, que deambulaba de un lugar a otro en busca del agua que asegurara su subsistencia. A pesar de que se reconocía un territorio Ranquel, nadie era el “dueño” de una parcela de tierra determinada, sino que convivían, la compartían, en una especie de terruño comunitario. Cada comunidad tenía su propio Lonco o jefe y su propia gente, pero todos trabajaban y vivían de la naturaleza, y por ello la adoraban.
En el territorio en que actualmente se localiza nuestro pueblo, Parera, hubo un asentamiento Ranquel, ya que en estos lugares, en el pasado, se podía encontrar agua.
Alrededor del año 1.879 comienza la mal llamada “Campaña del Desierto”, porque en realidad esto no era un desierto sino que habitaba el pueblo Ranquel. El Estado Argentino necesitaba tierras fértiles para los inmigrantes, quienes contribuirían con su trabajo, a incorporar a la joven Nación Argentina al proceso productivo mundial. Un obstáculo se presenta ante tan anhelado objetivo: el indio Ranquel. Es por ello que la consigna del General Roca será de ahora en más “no dejar indio vivo en el centro de la Nación”.
En esa época diversos tratados de Paz relacionaban al Estado Argentino con la comunidad Ranquel. Estos últimos cedían parte de sus propias tierras al huinca o blanco, pero nunca eran suficientes. Desconociendo las relaciones diplomáticas, el Estado Argentino rompe con los pactos, traiciona al pueblo Ranquel y comienza la guerra. Una guerra desigual por cierto, en la que algunos pelean con lanzas y otros con fusiles. El desenlace podía ser fácilmente anticipado: se produce una de las matanzas más crueles de nuestra historia, la matanza del pueblo Ranquel.
Los sobrevivientes no corrieron mejor suerte. Los porteños que financiaron la “Campaña del Desierto” no solo se repartieron sus tierras, sino también a su gente, sobre todo a sus niños, para convertirlos en sirvientes, esclavos, juguetes de otros niños, entre otros sombríos usos.
Desde el Estado Nacional también se otorgaron tierras para “alojar” a los sobrevivientes y su descendencia. Tierras agrestes, desoladas, sin árboles, sin agua. Pero los Ranqueles, gracias a su trabajo y sabiduría, sobrevivieron y desde estas Colonias aún existentes y habitadas, fueron emigrando hacia otras ciudades, hacia otras provincias, esparciéndose por el territorio Argentino.
Los jóvenes se fueron, guiados por los consejos de sus ancianos que les decían: “m’hijo, no digas que sos indio, te van a matar”. Y respetuosos de la sabiduría de los viejos, los jóvenes se presentaban ante las sociedades que los recibían con otro apellido, otro idioma, otra identidad, ocultando su historia pasada, no por capricho, sino por temor.
En la actualidad y como parte de un movimiento mundial, están empezando a resurgir diferentes comunidades aborígenes, entre ellas, el pueblo Ranquel. Estos descendientes nunca se fueron, siempre estuvieron, ocultos, por temor o desconocimiento. Las diferentes comunidades aborígenes, como la de nuestra localidad, están luchando en el presente no solo por la reivindicación de sus tierras, sino también por el rescate, reconocimiento y revalorización de su patrimonio cultural.
“Quemaron el árbol,
pero no pudieron quemar sus raíces,
por eso hoy comienzan a resurgir.”


Todo el material aquí volcado es fruto de entrevistas realizadas a miembros de las Comunidades Ranqueles "NAHUEL AUCA" y "RALI-CO" a quienes agradecemos su invalorable y desinteresada participación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario